Primogénitas

No le temo tanto a la hoja vacía, como a mi cabeza abarrotada. Harta estoy del galope de ideas que se disputan a zancadas una salida, decente, a la cuartilla. Y tropiezan, se empujan, se amontonan y van enfilándose derrotadas, una a una, esperando el turno de la mesura que no siempre les llega.

Tampoco es que envidie la parsimonia del cerebro aburrido que a veces, por no pensar, se queda en blanco. Hay tanta gente nadando en la nadería que yo convivo feliz con mis tormentosas ideas. Pero lo confieso, a veces cansan. Sigue leyendo