El inmovilismo también se corta y se pega

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Hizo tanto sol “La noche de los libros” que ni el más acérrimo  solsticio de verano hubiese justificado semejante insolación. Solo la librería avileña y sus minúsculas imitaciones (tres mesitas exteriores) se congraciaron con la luna y la acompañaron hasta las 10 porque el resto de la jornada literaria concluyó al atardecer en el  bulevar, cuyas luces no permiten la lectura.

Todos, sin embargo, continuaron llamándola como se nombró en La Habana: “La noche de los libros”. Y aunque tal paradoja fue notablemente paradójica nadie, al menos de manera formal, objetó el sinsentido. Como tampoco nadie ha izado, de forma sostenida, la bandera de la inconformidad. A lo que más nos hemos acercado en  esta urbe avileña es a molestarnos por el ridículo y maldecir la cíclica manía de cortar y pegar, al más burdo estilo de internet.

El reflejo de esa tendencia se adosa también a las puertas del Banco Popular de Ahorro, donde una hoja calca el modo capitalino de pagarle a los pensionados y jubilados. Un trabajador bancario catalogó de enrevesado, sobre todo para un anciano, encontrar el día en que recibirá sus honorarios, a partir del año de nacimiento y el monto de su pensión; un cruce de datos para abuelos que no crecieron con Excel y miran anonadados el papel con el que se pretendió ordenar el asunto.

Las iniciativas locales quedaron, una vez más, relegadas…si las hubo.

Y así sucedió con el experimento de fusionar la Empresa Agropecuaria majaguense con la de Acopio. A pedido del “nivel central” todo fue a parar a una misma cuenta y cuando las deudas se amontonaron porque la Agropecuaria ya había demostrado su incapacidad y al banco le fue indicado no otorgar más créditos, los hombres del surco miraron al cielo, añorando, como nunca antes en sus vidas, un intermediario que los salvara de la pudrición de sus cosechas.

Entonces comenzaron las “alternativas”, las “salidas emergentes” para que la gente de Majagua pudiera comerse lo que sembraba; es decir, para que el Estado pudiera comprar y luego vender, pues los negocios informales y la comercialización del excedente no se resintieron con la crisis de fondos; por el contrario…

Otros ejemplos, igualmente ilustrativos, acuñan lo descabellado del corta y pega, una herramienta tan verticalista y arraigada que sospecho nadie haya vetado esperando a que lo hagan en alguna otra parte, primero. El inmovilismo también se corta y pega.

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