Dicen los números…

 

 

Con una serie histórica de la ganadería en la provincia pueden hacerse muchísimas lecturas, pero llegarse a una misma conclusión: las muertes acrecientan el estrago del sector. Y la verdad de Perogrullo es tan evidente como la imagen de los rumiantes que, sedientos y hambrientos, fallecen y pasan a ocupar otro renglón en la tabla estadística de la agricultura avileña.

Según el cómputo, en los últimos cinco años han muerto unas 30 470 reses y en ese quinquenio solo se ha crecido en 19 304 cabezas; vago aumento que tiene su máxima expresión a gran escala, pues en el año 1976 la masa ganadera de Ciego de Ávila rondaba las 203 600  y hoy alcanza las 214 481.

A la pregunta de por qué en 38 años se ha crecido en unas 11 000 cabezas también se le ajustan varias respuestas, aunque vuelven a ser las muertes (ningún año del período aparece con menos de 4 000 decesos) la prueba irrefutable de las calamidades que durante décadas se han enraizado, como garrapatas, en los potreros.

La provincia, sin embargo, no es la excepción de la regla. Reportes de prensa hablan de 18 000 muertes en Villa Clara el pasado año y de ejemplos similares en otros territorios, con mayor o menor impacto mediático. Todos asociados a la falta de alimentos y cuidados. Todos repercutiendo en que la masa ganadera del país no supere los cuatro millones 200 000 cabezas y contraste con los siete millones 200 000 que existían en 1967, según reflejara en la Revista Temas, Julio A. Díaz Vázquez, profesor del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional.

Una verdad que no contabiliza la tabla histórica ganadera, la sostiene el director del Instituto de Veterinaria en el territorio, Rafael Agramonte Martínez. “El 60 por ciento de las muertes son evitables”. Y Gabriel Montero, especialista en Agrotecnia y Alimentación en la subdelegación de ganadería, aguijonea la situación, volviéndola aún más espeluznante: “no es tanto que no haya comida, como que no se la dan”. Lo ilustra, además.

“Si se tranca el animal sin el alimento a las seis de la tarde y se suelta a las cinco de la mañana, y encima de eso el sol del trópico lo obliga a que permanezca a la sombra durante el mediodía… ¿qué tiempo le dejamos para que coma lo poco que hay?”

Desde el Centro Nacional de Control Pecuario, radicado en la provincia, otros datos causan bajas en los potreros. Entre el 2009 y el 2013 el hurto y sacrificio del ganado mayor reportó un total de 2 346 pérdidas. ¿Recuerdan que en ese período las muertes superaron las 30 000?

Los números muestran sin esquivos las torceduras en el timón de la economía con el que se maneja el ganado. Se “estabula” a sabiendas de que los que hoy están enclenques mañana podrían estar muertos, pero al pastoreo nocturno le rondan malhechores y los ganaderos temen ser acusados de no preservar los bienes del Estado, de las multas, las sanciones, las lecturas políticas, el enjuiciamiento…y entonces apuestan por las talanqueras, tras las cuales se salvan de fuertes reprimendas, aunque  provoquen exactamente lo mismo, y más.

 

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