Caballo de Troya

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El tiempo de Tsipras parece, también, una calenda griega, aunque solo por haberle anunciado a la Unión su bofetón disidente vale la pena contemplar el futuro, aun sin certezas. Porque si la Merkel se atreviera a soñar,  soñaría con Tsipras, un Tsipras desnudo, tal vez, para atormentarla, provocarla, colmarla.

Y yo, que de este lado del mundo contemplo, a medias, el show (mediático) me alegro infinitamente de que haya un Tsipras  que le provoque pesadillas a este mundo, o sueños. Depende de quién esté dormido ahora mismo.

Tsipras en camisetas y chamuscando su alemán podrido y Pablo Iglesias a pelo suelto, diciéndole que él sí puede…y enloquece la cancillería alemana en pleno, sin que la cara de Ángela deje de ser el frío ladrillo que es. Si acaso sudaría.

Pero a quienes se enternecen con los íconos modernos y abren los diarios buscando completar la novela del presente, Tsipras, Iglesias, Correa o el viejo Pepe les provocan la misma cosa: envidia. Todos somos en sueños gente que se enfrenta al orden mundial, solo que cuando  la mayoría abre los ojos, los vuelve a cerrar. Es más cómodo admirar héroes.

Así funcionamos: unos apuestan y otros ofrecen su voto, y una buena parte de la humanidad, ni por enterada. Por eso detallo hasta el lunar que Tsipras lleva en el mentón, a la izquierda, por si un día cierro los ojos o levanto la mano. Claro… si yo fuera griega.

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