Jatibonico sin nostalgias

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El tornado, el vendaval, la tormenta severa o el sacudión que le quitó el polvo a Jatibonico llegó como me llegan las historias de mi pueblo hace quince años: por otros. Quince años en los que voy y regreso, regreso y me voy; y en esa intermitencia me he perdido, in situ, algún que otro escándalo de relevancia, que suele ser lo más normal y, al mismo tiempo, lo más relevante de Jatibonico. Obvio lo del Uruguay.

Lo demás es tan esporádico que no figura en el diario del pueblo: asfaltar la carretera central, desbaratarla, volverla a asfaltar…  abrir surcos en la calle para la tubería del agua que vendrá; reparar una escuelita, pasarle brocha al policlínico.

Hubo un día en que sí hicieron una plaza en tiempo récord e improvisaron una tribuna abierta, después de que más de 30 mil habitantes corrieran despavoridos porque la Lebrije agrietó su cortina y Jatibonico, que literalmente es un hueco, siempre ha tenido que soportar a una presa que lo mira con lástima, desde arriba; para colmo sin un aliviadero portentoso que desemboque, callado, toda el agua que embalsa cuando las lluvias la colman. Sigue leyendo