La merma…desconcierta

vizzano

A mí, que el despiste se me da en dosis tan pequeñas como inoportunas, aquel anuncio mascado entre dientes me dejó, al menos, intrigada. Entonces hice lo que se supone haga toda mujer cuando está rodeada de otras mujeres que se beben la mañana con calma en una peluquería: agucé el oído. “Sacaron zapatos en la tiendecita. Mira estos, nuevos, sin defectos ni roturas, a 2:30”. ¿2.30?, tuve que repetirme en voz alta porque mis oídos escuchaban 2.30, pero el cerebro procesaba 12.30. “Son los zapatos que llevan tiempo sin venderse, es que los sacan muy caros y los pasaron pa la tienda de merma por lento movimiento, pero están nueeeeeeevos”. Así, con tono enfático en la e, ella recalcaba que aquello era una ganga; una ganga que se ofertaba por subterfugios del “meroliqueo”, del que yo me había enterado por casualidad y… ¡por suerte!

Cuatro pares compré. En total 10.00 CUC que no serían nunca los más de 70.00 que hubiera necesitado para adquirirlos en sus precios originales. Y allí, minutos antes de pagar, pensé en la sempiterna condición de persona-periodista, en la triste dualidad de quien compra leche en polvo en el “mercado negro” y después denuncia la corrupción desde las páginas de un diario  porque sabe que el periodismo no es un traje que te pones en las mañanas y cuelgas en las tardes, y que no te desvistes para lavarlo, plancharlo y sacarlo del closet a conveniencia.  Empecé a torturarme con culpas ridículas: “¿compro zapatos o escribo? ¿Compro zapatos o escribo?, me decía casi “piteando” la respuesta.

Ya saben que terminé haciendo las dos cosas.

Pues, al estilo de Günter Wallraff, el reconocido periodista alemán que le ha dado la vuelta al mundo con la frase “hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad”,  compré los zapatos, sin culpas, y luego me senté a escribir. Algo parecido a lo que Günter haría. Aclaro que lo mío no fue premeditado, ni siquiera sabía donde quedaba la susodicha “tiendecita” y aclaro, también, que pude haberme presentado como periodista y haber regresado tres días después — que es el tiempo mínimo en el que los trabajadores de las Tiendas Recaudadoras de Divisas reciben la aprobación de sus superiores para poder “conversar con la prensa”—.

Yo, tres días después, cuando ya no hubiesen ni zapatos, ni coleras-revendedoras sacando 10 y 20 cajas del mismo color, del mismo modelo, mismo número…  Daba lo mismo, “el margen comercial” cubriría cualquier estancamiento de la mercancía y esos detalles eran irrelevantes, excepto para mí, que probaba cada par y caminaba y los miraba y los doblaba y sacaba cuentas y  buscaba el defecto a toda costa porque “algún defecto tienen que tener”,  insistía. Mientras, las acaparadoras salían animadas con el “venimos, más tarde, tranquila” y, de seguro, vendrían más tarde, tranquilas, porque el almacén lucía abarrotado (los entresijos  del estante dejaban ver cúmulos de cajas y cajas de zapatos, muy a pesar de que la tendera, amable,  dijera que solo quedaba lo que tenía en exhibición).

Unas cuantas preguntas hubiera lanzado, pero en calidad de “periodista encubierta” solo las habituales me respaldaban: ¿me enseña aquellas, qué número tiene, qué precio es aquel…? No obstante, con un ejercicio mínimo de pensamiento podía llegar a conclusiones tan obvias como desconcertantes.

Que los Vizzano que compré en casi 3.00 CUC, se vendieran, si se vendieron, en casi 37.00 significa que el impuesto de hasta el 300 por ciento para zapatos de boutique que Cuba tenía hace 7 años, cuando fuentes autorizadas lo confirmaran al diario Granma, es un valor casi inamovible; o de lo contrario, con rebajas intermedias nunca hubieran llegado a una tienda de merma.

Que ganar poco y siempre sigue siendo preferible a perder, aunque supongo que con tales impuestos igual siempre se gane y no haya “necesidad” de rebajas.

Que la promoción importa poco, si importa, y que los avisos de “gangas” no están diseñados, si están, para el común de los mortales. (Obviamente, lo de unir cuatro productos en un estuche y rebajarle 0.15 centavos al conjunto no clasifica aquí).

Que alargarle tiempo de exhibición a productos, que al final terminan en merma, y que ya llevaban una larga caminata entre almacenes del fabricante, travesías, puertos, almacenes de tiendas y estantes, es, cuando menos, un camino al deterioro e invalida cualquier estudio de mercado, si hay.

Que se puede entrar a una tienda,  salir con cuatro pares de zapatos y seguir caminando desconcertadamente.

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3 comentarios en “La merma…desconcierta

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