La política

Cuando el general le puso la mano en el hombro y le preguntó su nombre, ella, apresurada, se lo dijo. Y le dijo más: su apellido, que tenía dos hijos, que era una mujer enfermiza …Sin comas ni puntos suspensivos le dijo también que su casa estaba resentida por la imposibilidad, primero, y por las ráfagas de Irma después.

Más o menos se escuchó así: “general, si yo antes me las veía negra, imagínese ahora, ¿cómo  me las arreglo?”  Y mientras le hablaba señalaba la esquina de su antes y ahora. El antes: una casa de 100 años con puntales altos, pero no lo suficientemente altos como para que si un día cayeran en estampida a ella le alcanzara el tiempo para librar a sus hijos del derrumbe. El ahora: esa misma posibilidad, pero más probable aún después de los soplidos del viento y la humedad de las aguas.

Por eso, cuando el general le puso la mano en el hombro ella sintió que el futuro podría ser diferente. Porque  todos los días un general no desciende de su helicóptero, te pone  una mano en el hombro y le dice a sus inferiores (que en ese momento son todos) que hay que ayudar a una mujer, priorizarla. Sigue leyendo

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Dicen los números…

 

 

Con una serie histórica de la ganadería en la provincia pueden hacerse muchísimas lecturas, pero llegarse a una misma conclusión: las muertes acrecientan el estrago del sector. Y la verdad de Perogrullo es tan evidente como la imagen de los rumiantes que, sedientos y hambrientos, fallecen y pasan a ocupar otro renglón en la tabla estadística de la agricultura avileña.

Según el cómputo, en los últimos cinco años han muerto unas 30 470 reses y en ese quinquenio solo se ha crecido en 19 304 cabezas; vago aumento que tiene su máxima expresión a gran escala, pues en el año 1976 la masa ganadera de Ciego de Ávila rondaba las 203 600  y hoy alcanza las 214 481.

A la pregunta de por qué en 38 años se ha crecido en unas 11 000 cabezas también se le ajustan varias respuestas, aunque vuelven a ser las muertes (ningún año del período aparece con menos de 4 000 decesos) la prueba irrefutable de las calamidades que durante décadas se han enraizado, como garrapatas, en los potreros. Sigue leyendo