Dicen los números…

 

 

Con una serie histórica de la ganadería en la provincia pueden hacerse muchísimas lecturas, pero llegarse a una misma conclusión: las muertes acrecientan el estrago del sector. Y la verdad de Perogrullo es tan evidente como la imagen de los rumiantes que, sedientos y hambrientos, fallecen y pasan a ocupar otro renglón en la tabla estadística de la agricultura avileña.

Según el cómputo, en los últimos cinco años han muerto unas 30 470 reses y en ese quinquenio solo se ha crecido en 19 304 cabezas; vago aumento que tiene su máxima expresión a gran escala, pues en el año 1976 la masa ganadera de Ciego de Ávila rondaba las 203 600  y hoy alcanza las 214 481.

A la pregunta de por qué en 38 años se ha crecido en unas 11 000 cabezas también se le ajustan varias respuestas, aunque vuelven a ser las muertes (ningún año del período aparece con menos de 4 000 decesos) la prueba irrefutable de las calamidades que durante décadas se han enraizado, como garrapatas, en los potreros. Sigue leyendo

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