Caballo de Troya

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El tiempo de Tsipras parece, también, una calenda griega, aunque solo por haberle anunciado a la Unión su bofetón disidente vale la pena contemplar el futuro, aun sin certezas. Porque si la Merkel se atreviera a soñar,  soñaría con Tsipras, un Tsipras desnudo, tal vez, para atormentarla, provocarla, colmarla.

Y yo, que de este lado del mundo contemplo, a medias, el show (mediático) me alegro infinitamente de que haya un Tsipras  que le provoque pesadillas a este mundo, o sueños. Depende de quién esté dormido ahora mismo. Sigue leyendo

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Espectador crítico

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Sucede un domingo de mayo y siete años después de que un director llevara a la pantalla lo que acabo de ver. Sucede, justo, cuando en esta Isla pequeña se habla de Ley de prensa y recién concluyen asambleas provinciales de la Unión de Periodistas de Cuba donde sus miembros suelen exigir un mejor periodismo, como si primero no tuviésemos que exigírnoslo.

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Frigidez

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Que la gente se arremoline en el Prado para tocar a monsieur  Hollande no me asombra y muchísimo menos que al otro día nuestros dos diarios le regalen cinco páginas al distinguido. Que los rusos se hagan los duros y muestren lo que tienen para despedazar al mundo, requetemenos, si al fin y al cabo para esos son los desfiles militares.

Por supuesto, que lo de enviar médicos a Nepal era tan predecible como que Mariela Castro promoviera el casamiento entre gays (aunque el hecho fuera solo un símbolo) y la Habana se inundara con un torrencial aguacero.

Lo del Congreso campesino… otro más. La feria del turismo, bárbara. Y los cayos, mejor. Que más de tres millones de cubanos ostenten celulares y coman huevo frito, tampoco me inmuta, ni que las Asambleas Municipales hayan sido constituidas con altos por cientos de asistencia y  la orquesta de Minnesota suene en la capital…

Puede, incluso, Guinness anunciar otro récord en la lista de rarezas y sanaquerías, que yo…como si nada. Y si vienen los ferrys y van los ferrys, igual.

Poquísimas señales me salvan de la frigidez con que los mass media penetran mi mundo y  ya no sé a quién culpar. Algunas, claro está, excitan a mis neuronas menos huecas, pero no logran salvarlas del reposo y mueren sin brincos.

Y abro páginas, páginas y páginas. Y cierro páginas, páginas y páginas. Y al final de la tarde cuando ya he olvidado promesas y miserias y la bagatela quedó flotando en el aire cargo sobre mis hombros esta actitud de militante que llega a pesarme tanto como el tedio. “Algo tienes que hacer”, me digo. “Convéncete de que dos  reportajes, una crónica, un post al mes… no alcanzan.”

Mi otro yo no deja de sermonearme y lo increpo a justificaciones. “¿Para qué? ¿Para qué? ¿Para qué?” y nos retamos en duelo diario, a sacudidas, a besos, a muerte. A veces él vence oprimiéndome los dedos sobre el teclado, pero yo soy fuerte y casi siempre me dedico a lo que mejor sé hacer.

Un voto a la posibilidad

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Lo decía en la última línea de su biografía, pero lo decía: “Fui sancionado por hurto y sacrificio de ganado mayor”. Y ni siquiera había sido escrita en tercera persona porque, al parecer, a Vladimir, el candidato de la circunscripción vecina, le es todavía muy personal el asunto. O simplemente le fue más cómodo decir “fui”, que “fue”. Da lo mismo, comoquiera estuvo preso por matar una vaca… o por aguantarle las patas, y Elba se atragantó de estupor a las siete de la mañana cuando decidió que leería las biografías del colegio y le haría una cruz (vaya paradoja) al mejor y más capaz. Eso, según su juicio, claro.

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Resumen de perfil

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Adoro a la gente que no precisa construirse para ser. Gente que ha sido contexto obligado de las circunstancias, pero nunca ha torcido su cauce despeñándose en beneficios, elogios o conveniencias. Gente consecuente que, a veces, parece ridícula cuando las dinámicas patentizan desdobles que no necesitaron porque ese tipo de gente siempre ha sido nítida, transparente.

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¿Debo partirme en dos?

 

Amén Silvio R.

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Me da lo mismo que París esté en La Habana, París Hilton digo, porque si París estuviera en la Habana, yo extrañaría La Habana tal cual, pero me evitaría las ganas pertinaces del Louvre y la Eiffel.

Lo verdaderamente tedioso es cómo he venido a hurgar en los detalles (foto con osos incluida), si hasta ayer yo ni sabía que era rubia.

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La operación fue un éxito

 

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En menos de 30 minutos, un tanzano, un djibutiense, en resumen, dos africanos residentes en Cirugía, pronosticaron una apendicitis e indicaron los complementarios que el cirujano de guardia (cubano) complementó con dos estrujones de vientre y cuatro preguntas de rutina. Y espetó su sentencia tan naturalmente…nada de signos de exclamación, pausas o de regodeo médico con el que los noveles doctores elucubran sus diagnósticos, queriendo asombrar, de paso, a todos los que le echan en cara tener un bisturí en la mano y 33 años en la espalda. “Estás en el salón ya”, dijo, y todo pareció muy simple.

Pareció.

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Destino o fin

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Desde que besé a Pilar lo supe. Varadero era menos, había sido hasta entonces una franja ostentosa de lo que el agua clara trae consigo: turismo y bisutería. Pero Pilar no. Playa Pilar era la discreta y última esquina de Cayo Guillermo, donde podías zambullirte un miércoles desnuda porque a las gaviotas les daba lo mismo y casi nadie atravesaba la semana con un viaje de 140 kilómetros al norte de Morón.

Siempre pensé que ese recodo se había erigido con demasiadas perfecciones: un cayuelo, Media Luna, justo en frente, conteniendo la marea; una duna extravagantemente alta, a espaldas de la playa, replegando el viento; unas rocas al extremo izquierdo, recordándonos el lujo de su blanquísima arena, y un paisaje que, a la derecha, tiende al infinito por tanto cielo y mar.

Y sostuve el pensamiento hasta minutos antes de la segunda inmersión; a las puertas del pedraplén que, paradójicamente, debía volver los cayos más accesibles, que no asequibles.

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Dicen los números…

 

 

Con una serie histórica de la ganadería en la provincia pueden hacerse muchísimas lecturas, pero llegarse a una misma conclusión: las muertes acrecientan el estrago del sector. Y la verdad de Perogrullo es tan evidente como la imagen de los rumiantes que, sedientos y hambrientos, fallecen y pasan a ocupar otro renglón en la tabla estadística de la agricultura avileña.

Según el cómputo, en los últimos cinco años han muerto unas 30 470 reses y en ese quinquenio solo se ha crecido en 19 304 cabezas; vago aumento que tiene su máxima expresión a gran escala, pues en el año 1976 la masa ganadera de Ciego de Ávila rondaba las 203 600  y hoy alcanza las 214 481.

A la pregunta de por qué en 38 años se ha crecido en unas 11 000 cabezas también se le ajustan varias respuestas, aunque vuelven a ser las muertes (ningún año del período aparece con menos de 4 000 decesos) la prueba irrefutable de las calamidades que durante décadas se han enraizado, como garrapatas, en los potreros. Sigue leyendo

Los aparecidos

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“…cómo se le habla al desaparecido/con la emoción apretando por dentro”.

 

Los desaparecidos de Cuba se extravían en las aguas que bordean la Isla, nunca tierra adentro. No se muere aquí sin un enterramiento o sin que las llamas nos reduzcan a cenizas. Solo los que parten, y desaparecen, quedan en el mar de las imprecisiones, en el algún lugar del estrecho, entre Cuba y Florida. Y en último caso son responsables de su hundimiento porque nadie los arroja al agua, aunque algunos salpiquen su migración de política, justificando el papel de “refugiado” con el que disimulan tanto riesgo por dólares de vuelto.

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